La guerra con Ucrania y otra oportunidad perdida (y van…)

Argentina no tiene un Plan.

Y en estos días, que no tiene un Plan se hace (aún) más evidente. Discursos encendidos en el Congreso, culpas de unos a otros, nuevas toneladas de piedras, fuego, violencia. Lo concreto es que nuestro anterior gobierno tomó el mayor crédito de la historia del FMI sin tener un Plan macro micro de crecimiento y desarrollo, y el actual intenta refinanciarlo idem, sin tampoco tenerlo. Porque un Plan de Crecimiento y Desarrollo no está compuesto por meros instrumentos aislados de un todo. Que sirven más a discusiones ideológicas que a un fin determinado. Un buen Plan es una estrategia. Una decisión objetiva y decidida sobre que actividades, que cadenas productivas desarrollar, en que provincias y cómo. Números concretos, datos y metas, acompañados por los instrumentos que faciliten ese desarrollo.
 
Argentina habita en los parches y en las urgencias. Y en la mezquindad de su dirigencia.

En relación a la (muy triste) guerra en Ucrania, Argentina, entrampada y a merced de su estrategia cortoplacista pagará varias facturas:

– Deberemos afrontar el pago de  un costoso gas importado que podría habernos sobrado de haber desarrollado todo nuestro potencial hidrocarburífero.

– Ni siquiera los ingresos extras por la suba del trigo (en el valor más alto de la historia), ni de las otras commodities que comerciamos (y que también subirán por la guerra), alcanzarán para compensar esa enorme erogación.

– A la vez perderemos la posibilidad de grandes ganancias en negocios de exportación de gas que podríamos haber desarrollado desde hace años. Porque de hecho, nuestro país podría ser un gran exportador de gas: ese gas que está en Vaca Muerta, y en enormes cantidades.

La presión a la suba del precio del gas y del petróleo continuará mientras dure la guerra y los países como el nuestro que ni siquiera alcanzan la autosuficiencia sufrirán las consecuencias: en su balanza de pago y en su deficit fiscal, que en nuestro caso es siempre abultado. Y eso sin agregar el peso que tienen en nuestro país los subsidios a la energía. Cartón lleno.
 
Un país repleto de recursos desaprovechados por donde se lo mire. Anquilosado, paralizado, dirigido por una corporación política encerrada en su burbuja, de espaldas al bienestar de su población. Nuestra pobreza sigue subiendo, afecta sobre todo a nuestros niños e hipoteca nuestro futuro. 

Hasta acá las (muy) malas noticias.

Las buenas son que podemos salir de este espiral de decadencia. Y que está en manos de una Ciudadanía informada y activa que ello suceda.

Crezcamos. Desarrollémonos.

Inversión. Emprendimientos. Empresas. Exportación. Empleo de calidad.

Tengamos un Plan.

Dejemos, de una vez y por todas, de estar en guerra con nosotros mismos. 

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